Vuelvo a recurrir a la prosa de Baudelaire...
Hay que estar siempre borracho. Todo radica ahí: es la única cuestión. Para no sentir el horrible fardo del Tiempo que destroza vuestras espaldas y os inclina hacia el suelo, es preciso emborracharse sin tregua. ¿Y de qué? De vino, de poesía o de virtud, a vuestro antojo, pero emborrachaos.
Y si alguna vez os despertais en la escalinata de un palacio, en la verde hierba de un foso, en la mustia soledad de vuestro cuarto, habiendo disminuido o desaparecido la embriaguez, preguntad al viento, a la ola, a la estrella, al pájaro, al reloj, a todo lo que huye, gime, rueda, canta y habla, preguntadle qué hora es; y el viento, la ola, la estrella, el reloj os responderán: “¡Es hora de emborracharse! Para no ser esclavos martirizados por el Tiempo, emborrachaos constantemente! De vino, de poesía o de virtud, a vuestro antojo”.
Aunque me gustaría añadir... EMBRIAGAOS DE VIDA, DE MÚSICA, DE VUESTRA GENTE, DE VOSOTROS MISMOS... PERO EMBORRACHAOS!!
En un circuito o recipiente que contiene un fluido cuya presión es excesiva existe una válvula de seguridad que se abre permitiendo que escape. Del mismo modo una vía de escape es una ocasión, motivo u otra cosa a la que se recurre para desahogarse de una tensión, de un trabajo excesivo o agotador o para salir de la monotonía de la vida diaria. Para mí eso es todo esto. No lo exploto tanto como desearía, porque mi afán creativo siempre ha superado mis reales capacidades. Sólo AHÍ LO DEJO.-
miércoles, 19 de septiembre de 2007
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