Y, tras la decepción ¿también viene la calma?.
Habrá que volver a guardar lo que se ha dejado salir... a la espera de una mejor ocasión y para quien realmente lo aprecie.
Cargar con el alma a cuestas, cerca o lejos, abrirla y dejarla al aire. Ponerla sobre la mesa, junto al café y las ilusiones. Puede salir bien o mal, eso no es lo importante.
Saliendo mal sólo queda recoger los cachitos y volverlos a meter en la maleta, de vuelta a casa, de vuelta al interior. De donde seguramente volveran a salir, espontaneos o programados, pero siempre desde dentro.
No hay mayor problema. Lo mejor es saberse apreciada y acogida allí donde se tiene la mayor parte del alma. Y eso, gracias a todo, lo tengo. Lo demás, los pequeños trocitos, se pueden desperdigar que, no me sobran pero, no me voy a quedar vacía. Eso seguro.
A esto se llama aprender.
Mónica.-

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