Todo le molesta, y, de manera sutilmente descarada, nos lo hace saber de algún modo. Es cierto que la arrogancia nos acompaña, tan cierto como lo que dijo aquél: el ser humano preferiría la destrucción de medio mundo si con eso evita un rasguño en su dedo.
Pero... ¿es que acaso no ves que va cargada con un bolso de viaje demasiado pesado? ¿no ves que además lleva el cochecito de un niño?. Tal vez tu mirada de pseudo-intelectual no te alcance para distinguir la situación, o más bien tu ceguera se debe a que tanto tu posición social como la moral son tan altísimamente elevadas como la que (oh! afortunado) tienes ocupando un asiento en este abarrotado vagón de metro para permitirte leer comics de biblioteca.
Quizás sea que nuestros avanzados medios de transporte público no están preparados para alojar en su interior a una familia con cuatro maletas y una criatura en el mismo habitáculo que un esnob calvo solamente preocupado en que nadie le roce ni un pelo (repito, es calvo) una familia modesta.
Puede ser cierto que ellos anden un poco perdidos, tal vez cansa a los demás escucharles preguntarse entre ellos cuántas paradas quedan, quizás donde sea que se colocaran molestarían siendo un grupo tan cargado... y, lo más probable es que te toque aguantarlos durante todo el trayecto... sorry calvo estirado!
(con todo mi cariño otros calvos, este se merecía el adjetivo como peyorativo)
No hay comentarios:
Publicar un comentario