Crecí escuchando esta sabia frase:
"Obras son amores, y no buenas razones."
Y cada día la valoro mucho más. Somos lo que hacemos y no lo que decimos.
Poco a poco me sobran cada vez más las palabras: podrían ahorrárse litros de saliva quienes quisieran venderme su verbo, ay pobres necios! que no se dan ni cuenta! Al final deberíamos dejarles hablar para ver cómo se repiten una y mil veces, para creérse ellos mismos sus vacías oratorias.
Sólo sirven los hechos, son la verdadera moneda de cambio de los sentimientos. Las acciones reflejan la escala de valores que damos a lo que nos rodea. Todo lo demás son excusas.
Mónica.-
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