Y ahí están los dos, casualmente, sin nadie más a su alrededor.
No hay nada en especial, aunque tampoco lo esperaban. Sus células apenas se han rozado. Y sin embargo hablan de una invasión, de una quimera.
Ella tiene arrojo y decisión. Pero esta vez no es su momento, ya lo ha demostrado bastante por un día. Y ahora, tan sólo, se quiere dejar hacer.
...
Ya no están allí los dos.
Cada uno se ha ido a su lugar. Con tierra y aire de por medio.
Vuelan los mapas, los silbidos y las palabras. Entendidas o no, esperadas, ansiadas. Palabras que entran en juego junto al cosquilleo para seguir dando aliento, alimento y, ¿por qué no? pasión.
Pasan las horas, y parecía que un hilo los mantenía en conexión.
Pero se cambió de día y de envoltura. Rodeados, los dos, de sus cosas y sus gentes, volvieron a coincidir, volverán a coincidir, pero vete a saber ¿dónde está ese hilo?, enredado.
En realidad hay mucho en juego, mucho que perder. Incluso podría desaparecer ese pequeño hormigueo creciente que la alimenta, podría desvanecerse en un segundo, y no lo quiere perder.
Deja que lo disfrute un poco más, que se imagine el hilo que no puede llegar a ver.
Que recoja el carrete y vaya de acá para allá.
Deja que se relama de gusto y se imagine cada tacto y susurro que nunca existieron.
En un circuito o recipiente que contiene un fluido cuya presión es excesiva existe una válvula de seguridad que se abre permitiendo que escape. Del mismo modo una vía de escape es una ocasión, motivo u otra cosa a la que se recurre para desahogarse de una tensión, de un trabajo excesivo o agotador o para salir de la monotonía de la vida diaria. Para mí eso es todo esto. No lo exploto tanto como desearía, porque mi afán creativo siempre ha superado mis reales capacidades. Sólo AHÍ LO DEJO.-
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